Temblor

Soledad y yo nos dispusimos a barrer y ordenar el patio.
A mitad de la tarea, mi hermana se detuvo en seco y comenzó a caminar de regreso a la casa; se puso su abrigo y con su cartera al hombro salió a la calle.
Me quedé mirándola, sin entender lo que hacía.
-Compras, debemos salir de compras- me dijo al cerrar la puerta.
Miré mis manos, la escoba descansaba ociosa entre ellas.
No lo pensé dos veces, corrí tras mi hermana y la acompañé.
-Si no lo hago hoy, mañana no podré…- explicaba mirando al frente, más para ella misma que para mi.
-Si no lleno la alacena y no tengo lo necesario, no podremos vivir mañana- decía, aun sin mirarme.
En silencio la acompañé y llenamos varios changuitos en el supermercado.
Regresamos a casa y ni bien cerré la puerta un temblor nos sacudió.
El terremoto se sintió en toda la ciudad y destrozo todo a su paso, eso lo supe luego, al escuchar la radio.
-Viste… yo tenía razón… lo hicimos a tiempo…- dijo Soledad tranquilamente- Y vos que querías limpiar el patio…

A partir de tres frases sueltas, escritas por otras compañeras, surgió esta historia... es bastante extraña, porque extrañas eran la frases, sin sentido entre ellas... salió este breve relato, que me gustó, para el segundo que escribía en el taller...

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