Entendido Titiritero...
Se mueve con sigilo entre sus dos presas. Puede palparse su vértigo en el sabor metálico del aire, más toma recaudos al ocultar todo rastro y pocos son los capaces de detectarlo a tiempo.
Sonríe, divertido ante aquel primer logro. El juego comenzará entonces, con la fuerza imparable que sólo él maneja, con su atropello único que nadie más puede imitar.
Lentamente gira su cabeza y varios huesos truenan anticipando lo que habrá de ocurrir.
Su vida se remonta a milenios y milenios de antigüedad, una edad tan lejana que pocos lo recuerdan con precisión y no hay mortal en el mundo que pueda declarar haberle visto con su verdadera forma.
Experto en su trabajo, viste siempre con colores claros, porque sabe que la muerte es dueña del negro y la pasión posee el rojo con avaricia total. Suele optar por vestimentas blancas, como las alas de los ángeles que luego atenderán las consecuencias de su tarea maquiavélicas.
Sonríe y comienza a mover sus manos, subiendo y bajando los brazos, contorneando su espalda y adoptando poses extrañas e imposible. En respuesta, sus presas reaccionan sin pretenderlo, atados a esos benditos hilos que sólo se cortarán cuando él lo desee. Poco a poco, la distancia existente entre ambas víctimas disminuye hasta volverse nula.
Él está a un lado, ejerciendo entonces movimientos muy leves y sutiles con sus dedos. Las manos del muchacho rodean la cintura de la joven de cabellos cobrizos, ella responde al abrazo sin pensarlo.
El entendido titiritero, ensancha la sonrisa en su rostro perfecto y sopla suavemente sobre los otros de sus cautivos. Cuando la pareja acerca sus labios y se fusiona en un beso, él baja los brazos y suelta las finas ataduras que supo crear momentos antes.
Suspira y da media vuelta, mientras se prepara para su siguiente misión. Otros caerán, como han caído los enamorados hace unos instantes. Él siempre sale victorioso, aunque no todo resulte como debiera en todas las ocasiones.
Antes de cerrar la puerta, voltea sus ojos hacia la pared y observa el almanaque. La fecha marca 14 de febrero, su día ideal de trabajo. Sonríe, lleno de confianza y se lanza tras sus siguientes presas.
En su mano izquierda, una pequeña medalla brilla en color dorado con delicadas letras grabadas a fuego que deletrean su nombre, "Cupido", como si acaso precisara de la misma para recordar quién es.
Toma aire, peina con sus dedos la larga cabellera rubia que cubre sus hombros y se lanza a la carrera. La noche no llega aún y tiene mucho por hacer todavía...
Toma aire, peina con sus dedos la larga cabellera rubia que cubre sus hombros y se lanza a la carrera. La noche no llega aún y tiene mucho por hacer todavía...
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Espero que les haya gustado.
Ésta es mi versión de Cupido, un muchacho bastante especial, ¿verdad?.
Aguardo sus comentarios!!!
Nos leemos pronto ;)