Cerró los ojos y se dejó llevar por
los recuerdos. Mil imágenes llegaron a sus pensamientos con un mínimo esfuerzo.
Paseos interminables tomados de la
mano. Sonrisas y miradas cómplices. Silencios llenos de palabras invisibles. Abrazos
cálidos. Besos suaves. Caricias mágicas.
Abrió los ojos y se descubrió a la
deriva. Ella ya no estaba ahí para acompañarlo. El paisaje de su casa vacía y muda
le arañaba el alma.
Faltaban sus colores, sus canciones.
Faltaba ella por completo y él se sentía tan nulo, tan vacío. Nunca volvería a
percibir la vida como antes. Su existencia se reducía a la nostalgia de
aquellos tiempos que supo compartir con aquella mujer cuya ausencia le
resultaba insoportable.
Y ahí estaba él… rugiendo y
llorando, como bestia herida que viéndose acorralada no sabe si atacar o huir
lejos. Sólo que no tenía a quién enfrentarse. Él era su propio enemigo. Él era
el responsable de aquel agujero negro en que se había convertido su vida.
Apoyó la espalda contra la pared más
cercana y se dejó deslizar hasta quedar sentado en el suelo. Sentía que la
habitación daba vueltas a su alrededor, burlándose de aquella agonía que lo
aprisionaba. Cerró los ojos una vez más y se dejó llevar por el cansancio. Ya
no tenía nada porqué luchar. Ella ya se lo había dejado muy en claro. Jamás regresaría.
No habría más disculpas ni oportunidades.
Quedaba a oscuras la pequeña casa
que alguna vez habían imaginado como su futuro hogar. Sin nuevos momentos para guardar en el recuerdo. Sin sueños compartidos por alcanzar.
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Vuelvo, porque extraño escribir y me resulta imposible negarme al llamado de las musas.
Espero poder actualizar al menos una vez a la semana. Ya veremos cómo fluje esto.
Gracias por estar ahí.
Nos leemos pronto!