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Especial Fanfic: Un relato de espadas.

Kyoga contempló a su oponente y rugió por la bajo. Con el rostro cubierto y una katana entre las manos, el otro guerrero lo incitaba a pelear.
No quería perder más tiempo ni gastar energías de forma innecesaria. Su hermano lo esperaba en alguna oscura celda, sufriendo torturas innombrables y padeciendo por revelarse contra el imperio de los androides.
Y así y todo, Kyoga no tenía más opción que luchar contra el hombre que le cortaba paso por el único camino posible para llegar hasta Shogu.

Pensando en las muchas horas de entrenamiento y las enseñanzas recibidas durante años, Kyoga se lanzó a la pelea. Había enfrentado ya a varios androides y los había destruido con poco esfuerzo, pero atacar a un humano y darle muerte, eso era algo muy distinto. 
Cuando el rival esquivó su primer estocada y le devolvió el golpe con un visteo directo al pecho, Kyoga supo que la cuestión era sencilla: la vida de su contrincante o la propia. Así resultaría la batalla y no había alternativas.

Elevó el brazo, sujetando la espalda con total naturalidad. Había llegado a un punto de su vida en la cual el arma parecía parte de su propio cuerpo. Movió el hombro, dibujando un semicírculo en el aire y el filo de la espada cortó el aire con un agudo chillido que daba aviso de la furia que llevaba dentro. 
Kyoga guardaba noches de agonía, de temores por su hermano, de pesadillas sobre la pérdida de su padre. De una vez y por todas, debía liberarse y aquel oponente que suponía el último paso antes de llegar a Shogu, era una oportunidad única para lograrlo.

Como si ambos luchadores estuvieran generando una danza ancestral, saltaron a la par, con sus espadas dirigidas hacia el otro, a la espera de generar el mayor daño posible. Kyoga logró girar a tiempo y recibir el ataque sobre el brazo izquierdo. Su rival, en cambio, sintió el filo metálico recorriéndole pecho y abdomen. En la ceguera de la batalla y con el fin de lastimar a Kyoga, el otro dejó la guardia baja y padeció el fallo por completo.

Con la katana aferrada a su mano derecha, con la sorpresa escondida bajo la máscara que calzaba, el delirio reclamó venganza y el malherido guerrero siguió el instinto de volver a elevar su arma contra Kyoga. El muchacho, por su lado, intentaba no atender al dolor y la sangre que nacían de su brazo afectado, mientras apretaba la empuñadura de la espada y aguardaba el movimiento de su contrincante.

Hubo un instante, cuando Kyoga contempló a su oponente yendo hacia él sin dudas ni dilaciones. 
Hubo un momento, cuando el guerrero movió la espada y apuntó directo al corazón de su rival. Y la certeza de haber cometido el mayor de lo errores golpeó la consciencia de Kyoga con tal fuerza, que el joven cayó de rodillas junto a su moribundo adversario.
Temblando, le quitó la máscara solo para ser testigo del último respiro del guerrero. Y aquel rostro cubierto de sudor y lágrimas le era tan conocido, tan terriblemente conocido, que el llanto rompió en él al tiempo que gritaba el nombre de Shogu con furia y desesperación.

Un estremecimiento sacudió a Kyoga y se sintió caer sin nada que lo atara a la vida. El sobresalto lo obligó a despertar y descubrirse solo y angustiado a causa de la pesadilla que había sufrido.
Intentó decirse a sí mismo que solo era un sueño, que su hermano estaba vivo y esperando su llegada. Más el temor estaba instaurado y la intuición le decía que nada bueno saldría de la empresa que se había propuesto cumplir.


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Relato nacido luego de leer Leyendas de Mhoires.
Pueden leer la reseña del libro AQUÍ.
Dedicado especialmente a Nico Pinto, excelente compañero de letras y buen amigo y crítico, que me ha hecho desear formar parte del mundo que ha creado en su libro y me ha vuelto a enamorar de las leyendas bien contadas. 

Con la guardia baja

Miró el cielo y suspiró. En algún lugar, muy lejos, ella debía de estar contemplando el océano y preguntándose cuándo llegaría él a su encuentro.
¿Cómo explicarle que estar cerca suyo la exponía a un sinfín de peligros? ¿Cómo decirle que era responsable de muchas muertes y no quería perderla también a ella?
Jamás había mencionado nada sobre su pasado, su familia era un absoluto secreto y no pensaba darlo a conocer aún. Prefería que lo odiara a verla en peligro. Aún debía arreglar ciertos asuntos que su padre le había encargado antes de morir y debía quitarse esas cuestiones de su espalda si anhelaba un futuro lejos del caos que había sido siempre su vida.
“La mafia no olvida, no abandona”, le había murmurado su madre cuando él se despidió con intención de ir a buscar a su amor, “no puedes atarla al sufrimiento que ya he vivido yo. Si la amas, déjala libre”.
Había tomado aquel consejo y le había dado vueltas cientos de veces. Hasta que la idea surgió una noche. Él se encargaría de eliminar uno a uno a todos los enemigos de su familia. Sus vasallos seguirían igual camino y en algún momento, ya nadie se acordaría de él. Llevaría tiempo y esfuerzo, dar fin a las muchas líneas defensivas y atacantes no sería fácil, pero no perdía nada con intentarlo. Con suerte, luego de algunos años, podría cambiar su identidad e ir en busca de aquella joven de cabellos rubios y mirada cristalina que había jurado esperarlo más allá de todo.
Si ella supiera la verdad que lo envolvía, si viera el monstruo que era en el mundo donde había crecido, seguramente huiría sin pensarlo dos veces. Pero había dado con él cuando tenía la guardia baja y parecía ser un simple muchacho más. Había descubierto en él aquello que nadie más veía. Ella podía salvarlo, redimirlo incluso.
Ya llegaría su hora feliz. Por el momento, no tenía más opción que salir en busca de su próxima víctima. 



Nos leemos pronto!

La noche que Poseidón abandonó su reinado bajo el mar...

Las aguas se abrieron furiosas con la luna como único testigo. Parsimoniosamente Poseidón emergió de entre las olas caminando, apoyado en dos piernas que le resultaban extrañas y ajenas. Llevaba bajo el mar al menos tres milenios y se había acostumbrado tanto a su aspecto como tritón que recuperar su cuerpo original le causaba escozor.
Y allí estaba él, de espalda ancha y estrecha cintura, mostrando músculos que parecían esculpidos por los dioses -algo irónico dada su naturaleza sobrenatural- moviendo sus caderas de manera rítmica, un verdadero adonis de carne y hueso, alguien que podría tener a cualquier mujer a su alcance, aunque aquella idea no tenía lugar en sus pensamientos en aquel momento. Atrás habían quedado su larga cabellera rubia y su espesa barba, un peinado corto apenas dejaba adivinar las ondas del pelo y sus mejillas mostraban el indicio de una barba pronta a nacer, pero demorándose más de la cuenta.

El Dios de las Aguas, hijo de Cronos y Rea y hermano de Zeus y Hades, solo tenía una razón posible para verse obligado  a abandonar su reino y adentrarse en el mundo humano: Sheirán, la última sirena viva, había robado el Talismán de los Océanos, la gema que tenía el poder de convertir a simples mujeres en sirenas, con el fin de generar un ejército cuantioso y declararle la guerra.
Sepultados estaban los días de la Rebelión Sirénida, cuando el Dios del Mar dio muerte a las sublevadas y dictaminó la persecución y caza de las sobrevivientes. Sheirán era la última, la única, y se las había ingeniado para ingresar a su castillo y robar su mayor tesoro.
Ahora, Poseidón no tenía más alternativa que salir a buscar a la sirena, quitarle el talismán y asesinarla.

Apretando los puños en un intento claro de contener su enojo para el instante propicio, el Soberano Dios bufó por lo bajo. Su rostro, de rasgos suaves y curvilíneos, parecía endurecer más y más las líneas de expresión a medida que alcanzaba la costa. Su mirada de un característico y profundo color verde, recorría la playa que se extendía al frente, buscando las huellas que Sheirán debía de haber dejado al salir en busca de un escondite donde guarecerse.
Podía percibir el aroma de la sirena y sentir su presencia, aún cuando no tuviera a la vista rastro alguno de aquella criatura que había osado robarle tan importante tesoro. Estaba cerca, lo sabía. Pronto todo terminaría.
Mientras tanto, en la base de su cintura, un fino entramado de color turquesa con detalles en blanco y negro marcó presencia de manera casi imperceptible. Era la manera con que el mar le recordaba su deber como rey y soberano de las aguas oceánicas. Si al cabo de un mes, cuando el tatuaje se hubiera delineado por completo tomando la forma de feroces olas trepándole por la espalda, Poseidón no regresaba a su castillo, las aguas se elevarían de forma catastrófica y sepultarían el mundo conocido, destruyendo la civilización actual y dando pie al fin de la existencia humana en el planeta.

Tenía un mes. Un mes para ubicar a Sheirán, para hacerse con el talismán y garantizar el equilibrio de los mundos terrestre y acuático.  Pero algo le hacía dudar. En lo profundo de su ser, podía jurar que las cosas no resultarían sencillas ni serían como lo imaginaba. En breve lo descubriría…



Relato inspirado en Chaiyya Chaiyya, de Dil Se. No sé por qué, pero esta canción siempre me hace pensar en el mar...
Nos leemos pronto!

Relato para la Antología Navideña de "El Club de las Escritoras"

Hola!!! todo bien?
Hoy vengo con un relato bastante especial... se suponía que debía ser romántico, paranormal y ambientado en la Navidad. Salió esto... a ver qué les parece.
Lo escribí para la Antología que Dulce Cautiva ha organizado en El club de las escritoras. Es mucho más largo de la media que suelo escribir, pero la ocasión lo vale. 
Espero les guste...


Una navidad llena de magia


Nieve. Frío. Noche… y la luna observando desde lejos.
Ya no guardaba fuerzas para correr. Su cuerpo reclamaba por un poco de descanso, más el clima y el tiempo no ayudaban.
Él venía detrás. Él venía a por ella y por eso no podía detenerse.

Cerró los ojos mientras se arrodillaba y tocaba el suelo con las manos. En otro momento, el sólo sentir la fría textura de la nieve la habría hecho reaccionar. Ahora, con las energías casi nulas, luego de más de diez horas escapando, la sensibilidad para con los cambios de temperatura no la afectaban en absoluto. Podría haber estado en medio de una pira con cientos de leños ardiendo y habría sentido lo mismo…

Maldita la hora en que aceptó colaborar. Maldita mil veces aquella mujer que llamó a su puerta clamando auxilio.
¿Cómo podía ella saber que todo era parte de un engaño?
Ya casi era Navidad, pero este año no pensaba en festejarlo con su familia o en disfrutar de los fuegos artificiales. Ahora sólo le preocupaba salvar su vida y allí en medio del campo, sin ayuda de la cual valerse ni modo de pedir rescate, sólo podía seguir corriendo.
Correr, aunque no tenía fuerzas para ello.

Parpadeó varias veces y suspiró profundamente. No podía permitirse estar nerviosa. Si la ansiedad o el temor la dominaban, todo habría terminado.
Aún faltaban muchos kilómetros para alcanzar el pueblo. Allí sus hermanos la esperaban... pero era muy probable que ni ellos tuvieran el poder para salvarla.

Cuando era pequeña, su abuela siempre se lo avisaba: “nunca abras sellos en la noche previa a Navidad… las consecuencias pueden ser desastrosas”.
Ser la única descendiente femenina de una familia de hechiceros y carecer de poderes nunca le había molestado.
Kalim y Maluk, sus hermanos mayores, eran fuertes, valientes, capaces de manejar sin problema sus habilidades. Ella, en cambio, era demasiado sensible, temerosa de tantas cosas que la lista parecía infinita cuando intentaba enumerar sus miedos. Miles de veces había dado gracias al cielo por su falta completa de dones.
Así y todo, aún sin capacidades especiales que la volvieran semejante a sus familiares cercanos, había crecido educada en las tradiciones, aprendiendo sobre encantamientos y sellos mágicos, adquiriendo todo el conocimiento que le era posible.

“Saber y estar preparada en estos temas, te brindará herramientas para enfrentarte a posibles eventualidades”, murmuraba su abuela cuando ella reclamaba por la falta de interés al respecto. Recién ahora comprendía aquellas palabras.


Miró sus garras ensangrentadas y sonrío. Luego de verse durante cientos de años atado a aquel encantamiento, ser libre y poder moverse a su antojo resultaba esquicito por completo.
Sin embargo, si pretendía mantener esa libertad que le habían concedido, era fundamental dar muerte a la joven de cabellos rojos y ojos azules que huía ahora a campo traviesa sin más abrigo que la noche oscura.
Él se sabía poderoso. Él conocía perfectamente sus habilidades de eximio cazador y no dudaría ni un instante en darle alcance y quitarle la vida sin escuchar sus ruegos ni pensar en el posible sufrimiento que le provocaría.

Ya había cometido el error antes. La última vez que había caminado sin cadenas ni dueños, cuando había tenido la misma oportunidad que ahora, el llanto de su víctima caló profundo su corazón y le resultó imposible llevar adelante la tarea.
Así, se había visto apresado por el mismo encantamiento que lo había rescatado y la zona de penurias nada de agradable guardaba.
 Cientos de años masticando rencor y odio por los débiles humanos. Centurias renegando por su vulnerabilidad ante el sufrir de aquel muchacho que había dejado vivir.
No aceptaba en absoluto la idea de regresar al encierro.
Anhelaba, con una sed atroz y dolorosa, recorrer el mundo a su antojo destrozando todo a su paso, con el griterío de la muerte sonando como su canción predilecta.
No pensaba detenerse… nada ni nadie lograría ponerle un alto a su plan.


Verla sollozando había destrozado su corazón generando mil gajos de color rojizo enredados en el espacio vacío que quedaba en su pecho.
Había mantenido carrera a su lado, procurando no perderla de vista en ningún momento y cuidando de eliminar cuanto rastro le era posible. Sabía que, de todas maneras, el Xitan iría tras ella. Ese tipo de demonio existía sólo para generar sufrimiento en el mundo y él ya había visto varias veces cómo criaturas semejantes exterminaban vidas inocentes.

Ella le preocupaba. Desde el preciso momento en que los hermanos de la joven habían conjurado el hechizo de protección, él se había visto arrastrado a la tarea de cuidar y proteger a esa vulnerable humana de cabellera fogosa. Aquel día había sido el punto de quiebre... podía mirar hacia atrás, contemplar las centurias que resultaban ser su pasado y descubrir que nada tenía sentido hasta el instante en que fue nombrado custodio de Ayleen.
Ella no sabía que él existía, menos conocía aún sobre su responsabilidad de salvarla de los peligros que la atosigaban por el simple hecho de ser hermana de dos poderosos brujos.

Cuidar de una humana no suponía demasiados riesgos, él lo sabía. Su naturaleza de Malaikat de Luz, sus muchos años recorriendo el mundo, le conferían una experiencia extensa sobre las relaciones humanas, los miedos y rencores, las codicias y odios terribles.
Llevaba 7 años cumpliendo a rajatabla su tarea. Ayleen jamás había estado cerca de peligro alguno, hasta aquella noche en que golpearon a su puerta pidiendo ayuda… luego todo se volvió oscuro y él no tuvo manera de evitar que manipularan a la muchacha y la convirtieran en el sacrificio para un demonio ancestral. Un Xitan, maléfico y cruel en demasía, alguien que en Navidad tenía todas las posibilidades de saciar su necesidad de sangre y sufrimiento sin que nadie pudiera hacerle frente.

Pensando en el ser abominable que los perseguía de cerca, un recuerdo acudió a sus pensamientos desde algún lejano rincón de su memoria.
Hubo un tiempo en que los Malaikats eran conocidos y valorados por su capacidad para hacer frente a todo tipo de monstruos. Los Xitan eran, de entre todas las razas demoníacas, los más fuertes y temibles. Por eso la gente de su pueblo había encontrado una sola manera de darles muerte… entregando su propia vida como prenda para la victoria asegurada.
Aún cuando el hechizo de Kalim y Maluk era poderoso, no era tan fuerte como para obligarlo a perder su vida para salvar a Ayleen. Y sin embargo, él pensaba seriamente en luchar cara a cara contra el Xitan y proteger a la joven a costa de todo… ella lo valía.

Verse en la obligación de ser custodio de una humana era una cuestión llevadera, no común para los de su especie, pero soportable al fin y al cabo. Sentir lo que sentía por Ayleen, eso era lo profundo, lo diferente, lo que lo había llevado al borde del precipicio y empujaba ahora con todas sus fuerzas para que ella pudiera tener una vida plena a pesar de todo.
Lo había considerado mil veces desde el momento en que aceptó que la amaba con todo su ser. Miles de días acumulados donde ella era el centro de su existencia. Horas completas contemplado la luz del sol jugando entre sus cabellos. Noches enteras viéndola dormir y anhelando ser parte de sus sueños.
En su carencia de habilidades, Ayleen nada sabía de su existencia. Él se valía de sus poderes naturales para volverse invisible a los ojos humanos, aunque cualquier hechicero podía percibirlo si hacía el esfuerzo.
Así, él había pasado 7 años a la sombra de una humana que dominaba su corazón sin saberlo. Ella nunca lo escucharía cantarle por amor, tampoco podría saber lo que estaba a punto de ocurrir.
De haber sido por él, se hubiera enfrentado al Xitan desde el primer momento. Pero Ayleen había procurado huir y él estaba atado a ella con cadenas invisibles de ruegos y anhelos por protegerla y salvarla de todo mal.
Un poco del hechizo Kalim y Maluk, otro tanto del amor que sentía por ella. Y él estaba así firmando con su propia sangre la sentencia de su existencia en aquel mundo.
No podía permitir que ella muriera. No se imaginaba sobreviviendo a la mujer que amaba.
Quedaba muy poco tiempo antes de las doce campanadas que marcarían la llegada de la Navidad. Al menos ella estaría libre de todo peligro cuando él se enfrentara y diera muerte al Xitan.


Se detuvo al borde de un pequeño lago. Debía bordearlo si pretendía llegar al pueblo. Cruzarlo no era una alternativa con lo delgada que se veía la capa congelada de agua y la poca velocidad con que podía moverse.
El frío corroía sus huesos y sólo precisó un instante, un momento de lucidez y locura fusionadas, para comprender que ya no podía seguir escapando. Podía verlo a los lejos, acercándose a ella con paso lento pero sostenido.
Ya su cuerpo no reaccionaba ante los impulsos nerviosos que emitía para correr o arrastrarse siquiera. Él llegaría y la mataría… lo sabía, no tenía posibilidades de sobrevivir.
Cerró los ojos. Podía escuchar las pisadas pesadas del demonio. Cuando alcanzó a percibir la respiración ansiosa de la criatura maligna, se limitó a rezar por una muerte rápida.
El aire se cortó con la garra del Xitan recorriendo el mínimo espacio que lo separaba de la humana.
Ella respiró por última vez y se entregó a su destino… pero nada ocurrió.
Asustada, abrió los ojos y miró a su alrededor. Donde antes había estado el demonio, una aureola oscura se había dibujado en el suelo, borrando la nieve y generando un círculo de gran tamaño sin explicación alguna.

No tuvo tiempo a llorar ni buscar a su agresor con la mirada. Algo, del otro lado del círculo oscuro, llamaba su atención. Un cuerpo se retorcía de dolor, un gemido nacía por lo bajo.
A duras penas caminó y se acercó a esa criatura moribunda.
Las nubes se había disipado y la luna brillaba ahora en todo su esplendor, lo que le permitía observar con todo lujo de detalles a ese ser de belleza imposible cuyo cuerpo estaba cubierto de heridas y sangraba dolorosamente.
Se arrodilló a su lado y procuró comprobar que aún respiraba. Él llevaba lo ojos cerrados y apenas si gemía, pero estaba vivo, aunque no por mucho tiempo.
Lo envolvió entre sus brazos y con sumo cuidado, deslizó la yema de sus dedos por el rostro perfecto que tanto le llamaba la atención. Recordaba haber soñado muchas veces con un ser semejante al que abrazaba con ternura.

Sintió su corazón estremecerse de amor por aquel muchacho de cabellos oscuros en el preciso momento en que él abrió los ojos y la miró detenidamente.
Ya no importaba el Xitan que hasta unos minutos atrás había intentado asesinarla. Tampoco llamaban la atención los copos de suave nieve que caían lentamente ni el viento que soplaba con timidez. Sólo estaba él, con su mirada cristalina y pura, observándola como si ella lo fuera todo.
Él intentó acercar una de sus manos al rostro de la joven, más la vida lo estaba abandonando por completo y todo quedó guardado en el mero amague. Ella comprendió su acción y sonrió con cariño.

—Estás a salvo… él ya no te buscará —murmuró el desconocido mientras sus labios se curvaban en una leve sonrisa.
Ella asintió con el llanto rompiendo su pecho.
—Tus hermanos… ellos podrán explicarte todo. Yo sólo cumplí su pedido.
Ayleen reprimió un gemido mientras observaba con más detenimiento al hombre que desfallecía en su regazo.
El rostro delicado, los ojos claros y la piel de porcelana. La cabellera tan oscura como el azabache, la marca en forma de estrella bajo la palma derecha… con asombro, la humana descubrió que aquel muchacho era un Malaikat, un ser de la luz de los que tantas veces sus abuelos y padres habían hablado.
“Los Malaikat llegan a dar su propia vida si el enfrentamiento contra el demonio de turno lo requiere… aunque ellos harán todo por protegerse, bien pueden sacrificarse por salvar a quien aman”, las palabras de su padre golpeaban contra sus recuerdos en tanto Ayleen apretaba contra su pecho al moribundo ángel.
Él sonreía aún más, comprendiendo el dolor de la joven. Más no quedaba vida en él como para susurrar siquiera lo que sentía por ella.

En un rapto de emoción, temiendo el desenlace último, la muchacha acercó su rostro al del Malaikat y lo besó con dulzura, como si pudiera expresarle con ese simple gesto el amor profundo que había nacido en su corazón en esos escasos minutos.
A lo lejos, se escuchó una campanada. La medianoche había llegado y con ella la Navidad se declaraba presente.
El cuerpo del muchacho comenzó convulsionar, movido por una fuerza tan misteriosa como milenaria. Poco a poco, cada herida existente en él sanó mágicamente. Los brazos y el rostro del ángel no mostraban ya ninguna marca de la batalla, sólo borrones de sangre allí donde el líquido rojizo había dejado trazo al fluir.
Ayleen contuvo el aliento mientras se maravillaba por lo que sus ojos le permitían ver. El ángel respiraba acompasadamente y parecía restablecido por completo. Cuando su mirada se enfocó nuevamente en ella, la joven sintió que una descarga eléctrica sacudía su cuerpo y hacía reaccionar su corazón.
—Te amo… —murmuró él— Con cada fibra de mi ser, al punto que di mi vida por ti y permití que me vieras tal y como soy.
Ella tomó aire lentamente, intentando controlar el llanto que amenaza con estallar nuevamente, y asintió con una sonrisa tatuada en su rostro.
—Por muy extraño que parezca, yo también te amo —replicó  ruborizándose—. Y doy gracias al mismísimo momento en que el Xitan me fijó como presa. De no ser por él, jamás te habría descubierto.
El Malaikat río y su risa resultó ser una melodía alegre y suave.

Lentamente, ambos se pusieron de pie y retomaron camino hacia el pueblo. Ninguno de los dos estaba en condiciones de correr o hacer movimientos bruscos. Tampoco deseaban hacerlo… saboreaban cada instante que compartían juntos por muy mínimo que fuera.
El cielo se iluminaba a causa de los fuegos artificiales, los griteríos de los niños que esperaban la llegada de Papa Noel alcanzaban a escucharse desde la carretera por la que ahora se movían.

—Me llamo Draven… —informó el ángel— y sé que tu nombre es Ayleen pues así te llamaron Kalim y Maluk el día del encantamiento.
La muchacha sonrió mientras él la abrazaba con ternura. Debía recordar agradecerle a sus hermanos por todo lo que habían hecho en secreto. De no ser por ellos, jamás habría conocido a Draven ni podría haber experimentado el huracán de sentimientos que la envolvía en ese momento.
—Feliz Navidad, Draven —susurró mientras hacía un alto en el camino. El Malaikat imitó el gesto, quedando ambos frente a frente con la luna como lejana testigo.
Una vez más, sus labios se encontraron en un beso. Esta vez, no era una despedida ni un ruego por vivir. Era sencillamente la demostración pura del amor que se tenían… fogosa, brillante, ardiente en su totalidad. La pauta de un futuro prometedor, lleno de amaneceres radiantes.


En el pueblo, Kalim y Maluk se abrazaban y festejaban la llegada de la Navidad. Sabían que a esas horas su hermana ya debía de haber conocido al ángel que ellos habían invocado para protegerla y nunca revelarían a nadie el doble encantamiento que habían llevado a cabo en aquella ocasión… una cadena para atar al Malaikat a su hermana, a fin de que ella estuviera a salvo de todo peligro. Otra cadena para salvarlo a él la muerte segura, si acaso conseguía ganarse el corazón de la joven.
Lo habían elegido por más de una razón, convencidos de que él sería el hombre indicado para su hermana. Y no se habían equivocado en absoluto. La historia, más tarde, lo demostraría con creces y sobrados años de felicidad.
Ellos habían jugado a ser Eros y una Navidad llena de magia lo consiguieron…  

Ciclo sin Fin

Abre los ojos y sonríe.
El sol todo lo ilumina, colmando de vida al adormilado paisaje.
El aire carga el aroma propio de la primavera que aún descansa pero va despertando poco a poco, ese sabor a verde, delicioso en el paladar, sabroso de mil manera distintas.
La lluvia espera impaciente por regar los campos que anhelan recibir esa cuota de líquido necesario para hacer florecer sus cultivos.
Sí, ya se siente. Falta tan poco... es cuestión de días, tal vez horas. Las existencias que aún permanecen aletargadas reaccionarán pronto.
Él lo espera. Hace tiempo que aguarda esa acción en cadena.

El invierno no ha consumido aún su vitalidad. No, él es fuerte. Él aguarda, como siempre, con un dejo de esperanzas, a que el ciclo reinicie.
La inmensidad, en todo su significado y maravilla, lo abrumará nuevamente. Se sorprenderá al descubrir que nada ha cambiado, aún cuando sabe que todo habrá de ocurrir tal y como viene sucediendo desde el inicio mismo.
Cuando suba a la gran roca, esta vez no irá sólo. Entiende perfectamente que el lugar que hoy ocupa mañana será trono de otro. Sabe con fe ciega que sangre de su sangre será quien prosiga con el legado...
Por eso sonríe. Hasta hace unas pocas horas su anhelo era sólo eso, un deseo. Ahora es realidad. Su pequeño ha nacido al fin. Y la primavera que llega a paso lento, pero llega...

Todo aquello que tanto ha cuidado, por lo que ha luchado y dado hasta el último esfuerzo, todo se mantendrá, podrá mantenerse gracias a la dedicación de su heredero.
Comprende, extasiado al pensar en esa idea, la alegría que sintió su padre al saber de su llegada. Un criatura pequeña, indefensa, tierna y dulce; un ser que es parte de él mismo, parte de su vida, sangre y carne, que podrá crecer y vivir a pleno, que deberá llevar adelante su papel como rey.
Sonríe... el ciclo sin fin ha dado una nueva vuelta.


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Hola!!!
Bueno, estos días he dejado escapar a la niña que llevo dentro, todo desde que vi el trailer de la nueva versión de "El Rey León", que pronto saldrá en 3D!
Así que, escuchando nuevamente la canción de inicio de la peli, (que me sé de memoria porque mi abuela me regaló la banda sonora ni bien la descubrí en una disquería de mi ciudad), escribí estas líneas... 
Les dejo el vídeo, uno de mis preferidos, que es sencillamente precioso.



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Un lecho de algas

El agua golpea suave, pero con fuerza. No logra alcanzar la superficie, aunque está dando todo de sí mismo. No es capaz de emerger y tomar aire limpio y ya no queda tiempo...
No recuerda haberse sumergido. No hay registros en su memoria de haberse lanzado a esas frías aguas que ahora lo aprisionan.
Da igual si fueron minutos o siglos. El cansancio va ganando terreno, la fatiga envuelve su cuerpo y le arranca las pocas energías que le quedan.
Siente los pulmones a punto de estallar. Una fuerza superior lo domina, le impide liberarse y llegar al límite entre el líquido y el aire.
Sube un poco, aún cuando invisibles cadenas aprietan fuerte sus piernas, sus manos alcanzan a romper la frontera entre espacios y puede probar el sabor del viento en la punta de sus dedos, antes de ser arrastrado al fondo con ferocidad arrasadora.
Parpadea lenta, muy lentamente. La última porción de aire escapa entre sus labios en deformadas burbujas.
La luz se va apagando. El agua todo lo cubre.
Un lecho de algas hará las veces de tumba... Nadie sabrá qué ha sucedido.
El mar tenía hambre. El mar devoró una vida. El mar duerme tranquilo ahora, hasta que el apetito renazca y otro infeliz se convierta en la cena.


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Relato inspirado en la genial música de Nuttin But Stringz:


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Ella no está ahí... nunca regresará.



El viento juega con sus cabellos, mientras la noche cae tranquila.
Observa el río fluyendo, el agua deslizándose lentamente.
Cierra los ojos.
En algún lugar, la tristeza de la luna aúlla un lúgubre canto.
Recuerda todo con exactitud, con una agónica y enfermiza exactitud...

Él era el guardián del lago, hijo de una ninfa y el poderosísimo Apolo.
Ella era una musa, dulce y hermosa, inspiración de mil poetas.
El amor había nacido simple, perfecto, entre ambos, natural como la lluvia o el aire.
Promesas de compromiso. Juramentos eternos.
Las sonrisas eran inevitables, el mañana se dibujaba lleno de esperanzas de brillantes colores.
Cada noche, él la envolvía en sus brazos, susurraba palabras de amor hasta que ella se dormía sumergida en el lago del mágico sueño.
Cada amanecer, ella lo despertaba con un canto cálido como el sol, confiriéndole una pizca de entusiasmo extra para llevar adelante el día.

Más el Destino, cruel e inevitable, anunció en Delfos la próxima agonía...
Una pluma, que tantas veces había danzado en manos de su dueño gracias a la motivación de la musa, esa simple pluma causaría el desenlace.
Luego de semanas de frenética escritura, el poeta había abandonado todo: descanso, alimentos. Sólo había lugar para el dictado de la inspiración.
El texto no lograba adquirir la fuerza que precisaba y el autor enfermaba más y más.

Una tarde, cuando la divina dama iba en busca de su amado guardián, el escritor la siguió sigiloso.
La frustración, retorciéndose en ciega locura, guiaba ahora la pluma.
Un movimiento leve, directo.
La pilosa punta perforando el débil corazón.
Un grito de dolor y la sorpresa manchada de rojo.
La huida, luego, del enceguecido asesino.
El llanto del novio, al ver la vida escapando del frágil cuerpo de su prometida.

La nostalgia lo atrapó entonces.
No quiso buscar al culpable ni reclamar venganza.
Sólo anhelaba permanecer allí, al borde del río, abrazando el recuerdo de su amada.
Apolo, dolorido con la pérdida de su hijo, transformó a su fallecida nuera en cristalina agua dulce.
El guardián observó melancólico el viaje sin retorno de aquellas fluidas gotas transparentes.
Se ató a sí mismo a la rivera del río y ya no abandonó su puesto por ningún motivo, en ningún momento.

La noche despierta grácil, lentamente, y el viento canta una agonía de mil años ya pasados.
Suspira.
Ella no está ahí... nunca regresará.


*-*-*-*-*-*


Me disculpo por no actualizar los capítulos de las novelas, simplemente no he tenido tiempo de corregirlos.
Espero les guste esta versión mía de "Tragedia Griega".

Hasta pronto!



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Recuerdas?

Recuerdas la noche en que todo cambió? Ese instante exacto en que el camino que llevabas se desvió de su rumbo y encontró sendero propio.
Recuerdas las lágrimas, las risas? la euforia de saberte vivo, más vivo que nunca, y no saber qué hacer ni cómo seguir.
Recuerdas las tristezas, las agonías que parecían insuperables? esos momentos que te destrozaron pero aún así superaste y ya nunca más caíste de igual manera.
Recuerdas el agridulce sabor de aquella despedida? el dolor de saberte lejos, la esperanza del pronto regreso.
Recuerdas ese primer amor? que pensabas sería eterno, que creías perfecto y así y todo, quedó en la nada meses después.
Recuerdas al verdadero amor? ese que golpeó fuerte, que arrancó todo mal momento de tus memorias y se instauró de manera definitiva en tu corazón.
Recuerdas las guerras contra tus peores demonios? esas que dejaron mil cicatrices, pero que sobreviviste victorioso.
Recuerdas? haz el esfuerzo...

Porque la vida tiene sus altibajos, sus vueltas y giros inexplicables, y se saborea mejor al recordar lo que te trajo hasta aquí y valorar en limpio el presente que vives.
 Esa es la verdad... un día, tomaste una decisión, producto de miles de cuestiones y sucesos anteriores. Una decisión que te trajo hasta aquí, que te impulsó a leer estos versos y verte reflejado.
Y ese momento lo cambió todo...

Aprende a superar el ayer, pero no olvides lo que ya viviste. El pasado es pasado, sí, pero una vez fue vida y presente y no merece caer en el olvido así como así.

~*~*~*~*~


Porque la música me inspira... Diego Torres. Recuerda
No puedo dejar de escribir, lo veo imposible en verdad.


Varias cabezas rodarán...

La pradera ha perdido su mágico brillo natural.
No importa el verdor de la primavera ni el aroma limpio del pastizal que crece vigoroso.
No... nada importa.
Salvo el depredador que viene detrás, corriendo veloz, sediento de sangre.

Se escucha claramente el silbido de la espada al cortar el aire. La mano que la empuña nunca ha errado su blanco y ahora, incluso a la carrera, tampoco fallará.
La víctima corre trastabillando, ora con un pie golpeando alguna roca, ora cayendo y rodando sobre sí mismo. Y aún a pesar de todo, siempre termina poniéndose de pie y prosiguiendo con su escape.

Pareciera que el viento canta un réquiem anticipado.
Como si mil voces de los ya caídos pronunciaran una suerte de letanía musical.
Y la carrera continúa...
El cazador va sonriendo, saboreando el miedo de su inocente perseguido.

Hace siglos, cuando todo comenzó, el clan de la luna roja nombró a sus Jefes y Cazadores.
Centenares de años actuando siempre de igual manera... Un Jefe señala las víctimas que ha escogido como tributo a la Diosa de la noche. Un Cazador, entonces, sale tras la presa en una carrera que siempre lo corona vencedor.
Con el último rayo de sol, la presa cae sin oportunidad.

Esta vez, Uryuk es el elegido para la caza.
Ya tiene a la víctima en la mira, le ha perseguido durante kilómetros de sol y sed, por terrenos desérticos antes de alcanzar este verde espacio.
Una lomada aquí, otra más allá... de a ratos deja de verlo, pero Uryuk sabe que no perderá.

Cuando por fin lo alcanza, la espada se ilumina con el resplandor del sol que se va a descansar.
Algo en la mirada de la presa, desgarrador y lastimero; algo en su propia alma curiosa y terriblemente aburrida de la existencia que lleva.
¿Qué sucedería si él, Uryuk "el Grande", dejase escapar al marcado?
Una sonrisa maliciosa, clamando aventuras, pone en evidencia el plan del Cazador.

-Vamos, vete... -murmura, guardando su espada.
El muchacho, que deja de ser víctima y vuelve a la condición de simple humano, le mira atónito, incapaz de moverse.
-Vete, rápido... -indica Uryuk, con tono amenazador- Antes de que cambie de planes.
El humano tartamudea, mientras se incorpora y se lanza de nuevo a la carrera.
El Cazador sonríe una vez más.

Será entretenido ver cómo reacciona el Jefe...
Tal vez ahora pueda medirse de igual a igual con alguien capaz de hacerle frente.
Los hombres son demasiado débiles, es muy sencillo darles muerte. Ya no da ningún placer ni le permite sentirse superior el cortar el hilo de vida de un humano.
Sus Jefes no tolerarán ese agravio, La pelea vendrá seguro.
-A divertirse, pues... -susurra Uryuk, antes de retomar camino hacia su hogar.

Esa misma noche, varias cabezas rodarán.


~*~*~*~*~*~


Hola, amigos! 
Sigo perdida del blog, esta vez por la migraña que me ha atacado y no me permite descansar.
Les dejo este relato, surgido de mis locuras al escuchar música.
Una vez más, Linkin Park ayuda a mi pluma a danzar sobre el papel.
Aquí tienen el link de la canción que me motivó: When They Come for Me

Hasta pronto!!!

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Sin pensar en nada más...

El suelo vibra con cada golpe de sus pies...
Mueven sus cuerpos al ritmo de la música, sus cabelleras danzan con la melodía pegadiza.

El cielo es un remolino de colores y luces, las nebulosas se muestran con sus vestidos de brillantes colores y es imposible no seguir el ritmo con el que universo parece moverse, copiando la secuencia de notas musicales.

Toc... toc, toc... toc... toc, toc... toc!

Siguen marcando los tiempo al golpear sus pies contra el pavimento, sigue girando el mundo en el mismo sentido y a igual velocidad.

La sinfonía de la existencia de reduce a eso... a la música que nace en el aire mismo, a la melodía que inunda el universo mientras ellos bailan sin pensar en nada más.

~*~*~*~


Hola!!!
Después de tanto regresé y para quedarme, jeje.
Desde que el mes pasado tuvimos en Adictos a la Escritura el Proyecto de Banda Sonora, cada vez que escucho alguna nueva canción, se me ocurren nuevas ideas para escribir.
Estas breves líneas nacieron de una canción de Linkin Park. No puedo poner el vídeo, pero aquí les dejo el enlace: Waiting for the End

Nos estamos leyendo!!!

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Tan sólo te espero...

Porque tal y como les conté, con el asunto del proyecto de Junio de Adictos a la Escritura, cobraron vida varias producciones.
Hoy les dejo otra.
Espero les guste...

Tan sólo te espero

Supongo que ni te imaginas que estoy aquí, esperándote.
Deberías ver el lago... La primavera ha hecho renacer la vida en este perdido lugar.
Todo sigue igual. Los chicos aún hacen de las suyas a escondidas de Yamir, nuestro tutor.
La escuela sigue siendo ese lugar aburrido que no soporto...

Y continuo esperando que regreses.
Ya no hay voz en mi pecho para gritar que te extraño.
Ya no tengo lágrimas ni energía para nada más...
Tan sólo te espero.

Recuerdo aún tus últimas palabras y confío en ti lo suficiente como para saber que regresaras y ya no volveré a estar sola.
No importa lo que los demás digan... Sé que volverás.

Esa familia que te adoptó nunca te querrá como yo, ni como Juani o Francisco.
No pierdo las esperanzas y te espero.
El orfanato es un lugar frío y carente de luz contigo lejos.
Sólo tú promesa me da fuerzas para continuar...

~*~*~*~

Y aquí, la canción que me motivó a escribir:


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Luego no habrá retorno...

El campo de batalla grita la muerte,
Cientos de inocentes han de caer.
Los estandartes desgarrados, bailan al viento,
Ya no hay bando qué defender.

La confusión despierta en lo profundo,
Cuando te veo a lo lejos, acercándote.
Hermanos de sangre somos,
Enemigos feroces a causa de la fe.

Mi sangre clama que te proteja,
Mis creencias que te destroce pedirán.
Y tú sólo miras y aconsejas que piense,
Que reflexione un momento más.

Y lo sé, luego no habrá retorno.
Lo sé bien, el dolor siempre vivo estará.

Porque ya todo lo pensé  y medí consecuencias.
Procedo ahora, inmutable, a actuar.
Mi espada, filosa y ágil, danzará con la tuya,
Estocadas y golpes caerán por igual.

Mi cuerpo y el tuyo se cubrirán de heridas
Hasta que ocurra la fatalidad.
Mi propia espada, brillante y certera,
Tu vida arrancará sin pensarlo más.

Y lo sé, luego no habrá retorno.
Lo sé bien, el dolor siempre vivo estará.

Las lágrimas rodarán por mis mejillas entonces.
El gran líder vulnerable estará.
Porque morirás aquí, envuelto en mis brazos,
Tu asesinó seré, no lo podré negar.

Y sonreirás, ya con tus últimas fuerzas.
A mi oído suavemente susurrarás:
“No te preocupes, hermano, sabes que te quiero,
En otra vida nos volveremos a encontrar”.

Y lo sé, luego no habrá retorno.
Lo sé bien, el dolor siempre vivo estará.
Ya lo ha predicho el oráculo: 
mis propias manos la muerte te darán…


~*~*~*~


Hola!!!!
Todo bien???
Entre mis horas de estudio y demás, me he puesto a hacer la actividad de Adictos a la Escritura de este mes.
Han salido muchas producciones ;) ya tengo preparada la que presentaré oficialmente como el Proyecto de Junio, mientras tanto, les he dejado este relato bastante extraño...
Estas ideas me surgen cuando me acuesto a dormir escuchando música... soñé toda la historia y traté de expresarla así, y me sucede que al leerla, va con el ritmo de la música, jeje.
Tal vez luego haga una novela de esto, no sé...

También les dejo enlace al video de la canción que me inspiró: AQUÍ
Gracias por soportar mi ausencia. Hoy rendí y creo que me fue bien, espero ahora las notas... aún me queda otro examen para principios de julio. Por eso, ya avisé, no habrá capítulos nuevos hasta luego de rendir...

Nos leemos pronto!!!

ENTRADA EDITADA (no sé porqué pero algo sucedió con la entrada anterior, que me impedía acceder a la vista normal del blog... probé de ponerla en borrador y el blog anda perfecto, pero si cuelgo la otra entrada, el blog no me abre... así que, copié todo e hice esta nueva entrada, que es idéntica a la anterior, lo lamento por el comentario que me habían dejado, pero debí eliminar todo...)

2° Semana de Relatos Zombies: Los Infectados me han contagiado aún más!!!

Como Zombies… 


Una vez más, bostecé. Parpadeé varias veces y moví mi cabeza hacia los lados.
Como alumnos Química Biológica, me había presentado a las 8 am para realizar el último práctico de laboratorio: manejo de cepas de virus de nivel 9, el más leve e inofensivo.
En pleno invierno, el edificio de química se me dibujaba oscuro y lúgubre y hasta colmado de misterio, si cerrábamos un poco los ojos.
En el segundo piso, donde las maquinarias eran de avanzada y con muy poco uso, allí llevaríamos a cabo el práctico.

La profesora nos dividió en grupos y entregó una muestra a cada comisión junto a las máscaras, guantes y anteojos protectores.
Debíamos identificar el virus en cuestión. No había dos muestras iguales lo que significaba que tampoco dos grupos presentarían las mismas respuestas.
Además, ningún docente ayudaría, nos dejarían solos para que nos desenvolviésemos como profesionales que debíamos ser.

Pensar que habían transcurrido más de 11 horas desde nuestro ingreso a este lugar donde los olores varios se percibían en cada esquina a medida que mis compañeros, o yo mismo, nos valíamos cuanto método teníamos a mano para identificar los virus, eso me desquiciaba por completo.

Bostecé una vez más y acerqué mi rostro al microscopio.
Alice, una de las chicas del grupo “B”, se quejó por decimoquinta vez.
Al parecer, habían realizado miles de pruebas y nada daba positivo… Nosotros, al menos, ya sabíamos a qué grupo genérico pertenecía nuestra muestra… quedaba especificar de qué virus se trataba.

Me puse de pie y caminé hacia ella, tal vez el meterme en algo ajeno podría ayudar a quitarme el embotamiento.
Todos estaban abajo, en la cafetería. Quedábamos sólo 5 alumnos, uno por grupo…

-Bien, dime qué pasa…- pedí amablemente.
Ella suspiró y tan sólo dijo:
-Nada… absolutamente nada. Ninguna prueba resulta y me está sacando de quicio...- se llevó las manos al rostro, parecía que iba a romper en llanto de un momento a otro.
-A ver … pensemos un poco. Si no resulta nada positivo, tal vez…
El teléfono sonó y Joaquín, del equipo “C” corrió a atender.
Levanté los ojos del papel al percibir que mi compañero comenzaba a titubear ante lo que le estaban diciendo del otro lado de la línea.
Martín, del grupo “E”, se acercó a Joaco al notar que éste estaba al borde de un ataque. Su rostro ahora se mostraba pálido y asustado, incluso debajo de la máscara, y eso no era normal en Joaquín, el capitán del equipo de Rugby. Era un tipo duro y pocas cosas lograban causarle algún tipo de temor.
Agitado, Joaquín le tendió el teléfono a Martín y tomó asiento.

Melina, la única representante de la comisión “A” subió corriendo las escaleras.
-Gente… la puerta de acceso al primer piso está clausurada… No podemos salir… hay patrullas afuera, pude verlas desde las ventanas…- gritó nerviosa.
Martín colgó el teléfono luego de hablar unos instantes y tan sólo dijo:
-Estamos de cuarentena.
Alice se aferró a mi brazo, asustada y con las lágrimas recorriendo su rostro.
-Por error enviaron una muestra contaminada con Virus Clase 1- prosiguió Martín- Y han cerrado las salidas y los pasos de ventilación hasta saber qué peligro hay en verdad.
Joaquín estaba ahora encogido contra una de las mesadas, sentado en el suelo, con su cabeza entre las rodillas.

-No nos dejarán salir, ¿verdad? Nos dejarán aquí sin comida, abrigo ni ningún otro tipo de ayuda más que el teléfono- murmuré mirando con detenimiento a Joaco, que ahora lloraba igual que Alice.
-Bien…- Melina se unió al grupo mientras intentaba respirar tranquila- ¿Eso quiere decir que corremos riesgo de resultar contagiados por alguna enfermedad que hasta el momento no conocemos?
Martin negó con la cabeza y apretó fuerte sus puños.
-No. Parece ser que el recipiente que contenía la muestra estaba roto y… todos los que estuvieron en contacto con ese virus hasta hoy al amanecer ya están enfermos- explicó.
Fruncí el ceño, confundido.
-Desde el laboratorio en Capital, donde armaron el embalaje, pudieron demostrar que el virus sólo sobrevive dos días sin su ambiente. Un día de viaje y otro desde que llegó a la universidad… hoy a las 6 am se venció su plazo de vida- lloriqueó Joaquín.
-Exacto- señaló Martín- Todos los profesores de química del laboratorio, los guardas y alumnos que cursaron anoche, todos están… Nosotros estamos aquí por nuestra seguridad, puesto que no corremos riesgo aquí dentro.
-Pero… dicen que se propagará rápido...- agregó Joaco- No saben cómo detenerlo.

Me estremecí.
Melina intentaba consolar a Alice, Martin y Joaquín hablaban entre sí sobre lo que habían escuchado.
Mientras, yo miraba por los ventanales al otro edificio, donde podían verse las sombras de diferentes personas. Caminaban encorvados y hasta juraría que alcanzaba a notar laceraciones y úlceras en la piel oscura y enferma de esos extraños que no podía identificar.
Era obvio que, tanto como nosotros estábamos recluidos, ellos también.
Más nosotros estábamos sanos y a salvo y ellos…

-No pueden sentir nada- dijo Martin- Han perdido la noción de todo, como si el virus hubiera devorado sus cerebros, no hablan coordinado ni son capaces de moverse con soltura.
-Como Zombies- murmuré.
-Igual que Zombies…- replicó mi compañero.
Cerré los ojos. No podíamos más que pensar en esos infelices que carecían de toda cura posible. De alguna manera, debíamos alegrarnos, pero resultaba imposible.
Unos minutos antes, nos habíamos imaginado enfermos de algo desconocido. Ahora estábamos sanos, pero encerrados en un segundo piso, a la espera de saber qué sucedería afuera…

Un ruido fuerte llamó nuestra atención y corrimos a la ventana.
En el edificio de enfrente había mucho alboroto.
Alguien había escapado. Alguien corría libre llevando consigo el virus.
Los disparos se escucharon rápidamente. No dieron alcance a su blanco.
Miré a los chicos y tan sólo atiné a sentarme en el suelo, junto a Joaquín, que se mantenía inmóvil.
¿Seríamos los últimos a salvo? ¿Había posibilidades para alguien más?
Nada nos quedaba, más que esperar…


~*~*~*~*~*~

Vale, no es de terror precisamente, pero fue mi manera de darle vida a los zombies... la idea surgió simplemente porque estaba rompiéndome la cabeza con un trabajo de química biológica, jeje.
Simplemente pensé lo feo que se sentiría si resultáramos presa de una epidemia así y debiéramos quedarnos dentro viendo lo que sucede afuera... 

Espero sus comentarios!
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Relato: En la hora del ocaso...

Espero que les guste...
Diana me ha impulsado a que mi loca cabecita genere varias producciones.



El silbido se escucha claramente, atravesando el aire con un agudo grito y el tiempo parece derrapar sin cauce ni sentido, en una monotonía incómoda y febril. 
Se estremece. La fría atmósfera del invernal julio colabora con los escalofríos que recorren su cuerpo. 
Cierra los ojos recordando una vez más el último encuentro. 

-Esto no da para más- había murmurado él, mientras armaba el bolso- Ya no lo soporto. 
Ella sólo observaba, incapaz de pronunciar palabra alguna, cómo él preparaba todo para irse. 
-Pasaste todos los límites y te perdoné… alejaste a mi familia y amigos, me hiciste creer que el único universo eras tú. Me ataste a ti como mejor quisiste. Pero esto… esto es… ni siquiera puedo pronunciarlo. 
La furia viajó por su brazo y se estampó en un golpe fuerte contra la maleta de viaje. 
Ella seguía ahí, tan sólo mirando, tratando de encontrar una excusa, una mentira, cualquier cosa para impedir que se fuera. 

-Ya no…- su voz se elevó imponente, cargada de ira y coraje, mientras se giró para mirarla con desprecio- Ya no pienso escucharte. No importa lo que digas, ya no voy a creerte. Esto se acabó. 
Ella tembló, presa del dolor. Él cerró los ojos y se obligó a tomar el bolso y caminar hacia la salida. 
-Aún no puedo creer todo lo que hice por el simple hecho de que te amaba. Y tú… ¡tú y tu reverendo egoísmo! ¿Cómo diablos pudiste hacerlo? ¿Qué estabas pensando? Yo no iba a quererte menos, al contrario, podría haberte amado aún más. 
Ella desvió la mirada, avergonzada por el reproche. 
-¿Quién carajo te dijo que iba a dejar de quererte porque estabas embarazada? ¿Por qué cuernos me lo ocultaste?- él se contenía de golpearla intentando convencerse de que, más allá de todo, era mujer e indefensa y nunca podría hacerle frente. 
Ella seguía observando cualquier punto lejano a él. 
-No sé que duele más: saber que abortaste, que mataste a nuestro hijo, o comprender que lo nuestro no tiene ningún futuro. Sólo sé que esto no da para más y no puedo permanecer cerca de ti. 
Ahora, él ya estaba junto a la puerta, cargando en sus hombros el equipaje y observándola por última vez. Ella lo evitaba aún, sabedora de sus errores. 

-De ser tú, estaría avergonzado de verme vivo sabiendo que asesiné a un inocente- su palabras ásperas y certeras la atacaban una y otra vez- Pero me vales tan poco en este preciso momento, que la verdad, ni siquiera me molesto en intentar cobrarme lo que hiciste. No. No vales la pena… 
Tomó aire, intentando tranquilizarse. 
La miró un minuto más, destrozando en silencio el poco amor que le quedaba por esa mujer que una vez había sabido ser su vida. 
-Podrías morirte hoy mismo. No me interesa. Ya no me importas…- la puerta se cerró violentamente. 
Ella se permitió, entonces, llorar su pérdida. 
Él no volvería, eso era seguro. 

“Podrías morirte hoy mismo. No me interesa. Ya no me importas…” 
Las palabras resuenan aún en su cabeza. 
Él prometió no volver y cumplió a rajatabla su promesa. 
Mira la hoja de afeitar que brilla rojiza entre sus dedos y se estremece una vez más. 
Otro agudo silbido perfora la atmósfera y la sangre comienza a manar de su muñeca con furia. 

“…Estaría avergonzado de verme vivo sabiendo que asesiné a un inocente”. 
Cierra los ojos. No importa qué tan fuerte apriete sus párpados, la imagen de su bebé muerto la persigue a cada momento. 
Toma fuerzas, aspira fuerte y trata de no llorar. 
La afilada hoja en sus manos juega contra su piel lastimándola una y otra vez. 

“…Ni siquiera me molesto en intentar cobrarme lo que hiciste…” 
No precisó armas para lastimarla, las palabras acuchillaron su alma con etéreos visteo. 
Que ahora esté llegando a este límite es simplemente una consecuencia coherente de sus propias acciones y el odio que él mostró con gestos y gritos. 

Un último silbido se percibe en el ambiente. 
El olor profundo a óxido y sal le causa mareos. Cierra los ojos por última vez. Tiene sueño, quiere dormir. Recuesta la cabeza en el suelo y la pequeña arma blanca cae de su mano y tintinea contra el suelo. 

La voz grave de él ya no se escucha. Tampoco la respiración de ella ni sus latidos. El silencio absoluto lo cubre todo. El silencio sepulcral en la hora del ocaso…



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"Cierra los ojos si no quieres ver". Relato para el concurso de Club Fantasy

Hola!!!
En Club Fantasy, Athena ha hecho un concurso y yo participo con un relato que aquí les dejo.
Espero comentarios!!!!


Espero que me escuches con atención. No pienso repetir ni una palabra.

Te duelen las ataduras, ¿verdad?
Estás incómodo en esa silla, ¿cierto?
Bueno, mejor. Ése era mi objetivo.
Por favor, deja de mirarme con ojos inocentes. Yo, mejor que nadie, sé que te falta mucho para ser lo que aparentas.

Viviste toda tu vida fingiendo y manipulando a todos a tu alrededor.
Maquiavelo se arrodillaría frente a ti sin duda alguna, pero no yo.
Mi deber es castigarte, hacerte pagar.

Te conozco más de lo que piensas. Hice bien mis deberes.
Dios te dio la fortuna de ser alguien no sólo carismático, sino también apuesto. Desde adolescente, te divertiste saliendo con cuanta mujer cayó en tus garras.
Sé que nunca mantuviste relaciones serias o sinceras. Te las arreglabas siempre para tener 3 o 4 novias a la vez, “pasatiempos”, como tú mismo les llamabas.
Nunca, tampoco, te detuviste a pensar en sus sentimientos o en el dolor que les causabas cuando comprendían tu engaño.
Y en esa extensa lista que cargas con orgullo, Emily fue una más para ti.

Emily… ella era una chica normal, una de las miles alumnas de la Universidad donde estudiabas.
Aún recuerdo el día en que vino a mí a contarme lo feliz que era porque tú, el chico popular, la había invitado a salir.
Nada dije en ese momento, pues no te conocía y no podía dar consejos, tan sólo desearle la mejor.

La relación entre ustedes fue despareja… Nunca valoraste las sonrisas que te regalaba, ni fuiste capaz de descubrir cómo sus ojos cambiaban de color al caer la tarde, adquiriendo un tenue tono almendra; jamás atendiste a la alegría que desprendía cuando te veía, simplemente porque sólo tenías ojos y oídos para ti mismo. Ella era sólo una más en tu lista.
¿Cuántas veces la habrás llamado por otro nombre y ella te perdonó?
¿Cuántas veces se habrá dormido esperando tu visita en tanto tú salías de farra?
¿Lo veías divertido?
¿Te daba gracia saber que ella te amaba hasta el límite de la razón?

Seguramente pensabas que lo tenías todo organizado, pero el juego te salió mal.
El día que te descubrió en el cine con Hollie, una de sus compañeras de clase, ésa fue su primera vez. No dudó…
Me llamó diciendo que me precisaba urgente y para cuando llegué a su apartamento, las heridas de sus muñecas habían dibujado dos pequeñas lagunas rojizas en la alfombra de la sala.

No recurrí a emergencias, mi experiencia como médico bastó para salvarla. Sólo fue necesario cuidar luego de su reposo.
Conocía su historia familiar, sabía que sus padres la culparían en vez de ayudarla o acompañarla como era debido, por eso no les avisé de lo sucedido y menos que menos, te noticié a ti.
Permanecí a su lado durante los días que necesitó para abandonar la cama y regresar a su vida.
Ahora que lo pienso, tú tampoco te hiciste presente para intentar que ella perdonara tu falta. Eso ayudó…

Ni bien se recuperó, Emily prometió que rompería contigo y lo hizo, pero tu orgullo fue más fuerte y no te resististe a llamarla varias semanas más tarde.
Le juraste que la amabas. Suplicaste perdón. Lo sé porque yo estaba junto a ella en ese momento, viéndola llorar de felicidad ante tus palabras.
Entonces te investigué. Necesitaba confrontar la verdad, discernir qué sucedía contigo y saber si mi amiga corría peligro a tu lado.
Descubrí lo que eras y traté de contarle a Emily sobre el error que cometía, más ella no quiso escucharme. Me echó de su casa diciendo que estaba celoso de su felicidad.
¿Puedes creerlo? ¿Celoso yo? ¿Del maltrato que le prodigabas? ¿De las heridas que le generabas con cada mentira?
No, no estaba celoso. Tan sólo te odiaba. Odiaba verte engañándola.
Observar cómo se hundía más y más en el abismo que construías a su alrededor, sin poder yo hacer nada al respecto, eso me sacaba de quicio.
Sabía bien que, tarde o temprano, volverías a lastimarla.
A ella, que era un ángel en carne y hueso.
A ella, que podía regalarte el sol en plena noche con una de sus brillantes sonrisas.
Lo presentía, ibas a matarla con tu abandono. La destrozarías sin dudarlo.
Y fue entonces cuando juré cobrarme con tu vida su pérdida, si es que algo le sucedía por tu culpa.
Y muy a mi pesar, ocurrió…

Aquella tormentosa noche se me dibuja aún tétrica y cercana. Puedo revivir en mis pensamientos esas horas como si hubieran pasado ayer mismo.
Una vez más, Emily me llamó.
Pidió perdón por su enojo ante mi intento de ayudarla.
Dijo que nadie podía socorrerla, ni siquiera yo. Que nadie podía salvarla.
Lloró, confesando que eras su vida y que sin ti, nada le quedaba. Se culpó a sí misma porque no fue capaz de mantenerte a su lado y lamentó, entre lágrimas, tu abandono.
No necesité escuchar más.
Salí veloz hacia su apartamento. Al llegar, comprobé que no estaba allí.
Un instante precisé para pensar en su paradero.
El escalofrío aún rasguñaba mi espalda mientras yo corría escaleras arriba, rumbo a la terraza.
Encontré a Emily parada sobre el borde de la cornisa, observando el vacío que se dibujaba entre ella y el suelo, varios pisos más abajo.

No importó cuánto supliqué.
No importó mi promesa de buscarte y golpearte hasta dejarte sin vida.
No importo, tampoco, mi grito de “te amo”.
Ella tan sólo sonrió, murmuró un “lo siento” y saltó.
La fría noche la envolvió en su oscuro abrazo y se la llevó para siempre.

Hace un año ya que en el cementerio una nueva lápida adorna el paisaje y tú, ni enterado. Tal y como sucedió la primera vez, mientras la tristeza agobiaba mi vida, tú vivías entre risas y fiestas.
Maldito imbécil... Ella lo dio todo por ti y no fuiste capaz de valorarlo.

¿Sabes? En todos estos meses, mi mente vagó sin destino preciso.
Mis pensamientos recorrieron cada centímetro del purgatorio buscando el escarmiento adecuado, mis neuronas trabajaron más de lo que lo han hecho en toda mi existencia.
Lo pensé una y otra y otra vez.
Diagramé de mil maneras distintas lo que haría contigo una vez que te tuviera a mi merced.
Fue sencillo encontrarte en el pub. Más fácil aún, pagarle a la pelirroja para que te llevara al callejón de la salida de emergencia. 
Nunca te esperaste el golpe en la nunca. No me viste venir ni te imaginaste mi furia.
Traerte hasta aquí tampoco fue difícil. Hace siglos que la empresa de mi padre abandonó este depósito.
No hay casas en kilómetros a la redonda. Nadie sabe que estás aquí.
No importa cuánto grites, nadie te escuchará ni vendrá a socorrerte.

¿Crees que Emily lo vivió fácil durmiendo cada noche con su rostro y almohadas empapados en el llanto que le provocabas con tu egoísmo?
¿Crees que me divertía verla sufrir?

Levanta la mirada y presta atención. ¡Escúchame! Ya te lo dije, no pienso repetirlo…

Por tu culpa, Emily se suicidó.
Por tu culpa, me trasformé en esta bestia con disfraz humano que ves frente a ti.
Yo, que dediqué tantos años a luchar contra la muerte, que procuré rescatar cuanta vida pude.
Yo soy… seré… un asesino. Tu asesino.

Ya lo pensé todo.
Sé dónde debo seccionar tu piel y carne. Sé dónde el bisturí cortará tu cuerpo.
No será rápido, lo prometo.
Tan sólo perforaré ciertos puntos vitales.
Tu corazón, luego, hará el resto.
Cada latido te acercarán más y más al infierno donde Emily debe de estar descansando ahora.
Dicen que si te suicidas pierdes el ingreso al cielo. Tú tampoco irás allí, lo juro.

Serán necesarios varios minutos para que tu cuerpo pierda toda su sangre.
En tanto, yo te observaré y guardaré en mis recuerdos estos importantes momentos.
El pánico en tus ojos, el temblor de tu cuerpo, me harán sentir que al menos llegaste a probar en carne propia un poco del sufrimiento de Emily.
Muchos lloraron su muerte y padecieron su pérdida.
Contigo, en cambio, estoy seguro que más de un alma inocente respirará tranquila.

Deja de mirarme así, como si estuviera loco. No lo estoy, en absoluto.
Los locos matan sin razón, por simple placer.
Yo te mataré por venganza, para cumplir mi juramento.
Las promesas no deben romperse nunca, eso bien deberías saberlo.
Ahora, toma aire. Respira profundo.
Dolerá, lo juro.
Llegarás a rogar por una muerte rápida. Pero… no morirás.
No hagas esa mueca. Dije que seré tu asesino. No mencioné nunca cuándo cumpliría mi palabra.

Verás… en todo este tiempo que recapacité al respecto, llegué a la conclusión de que saberte muerto no me ayudará mucho.
Quiero verte pagar.
Llegarás al límite, sí. Estarás caminando por el fino borde que separa este mundo del otro. Yo me encargaré de salvarte.
Esperaré paciente a que sanes. Aguadaré a verte recuperado por completo y, entonces, volveré a infringirte las mismas heridas.
Justo como hiciste con Emily.
Volverás a sentir que la muerte acaricia tu piel, volverás a escuchar los latidos de tu corazón expulsando la sangre por las heridas.
Y volveré a salvarte… y el ciclo comenzará de nuevo.

¡Oh! ¡Vamos! ¡No llores!
En algún momento me cansaré de este juego y podrás morir, pero mientras tanto, yo me divertiré contigo.
Fíjate que tampoco gano mucho. Perderé valioso tiempo por hacerte pagar lo que debes.
Simplemente lo hago por Emily. Ella, que sólo fue una más en tu lista… ella, lo era todo para mí.
Así que, esta bestia, este animal sin escrúpulos que ves manipular el bisturí con tanta gracia, esto soy por tu culpa.
Tu demonio personal.
Tu asesino.
Mmm… “El vengador de Emily”. Sí, suena mucho mejor.

Bueno, basta de tanta cháchara.

Cierra los ojos si no quieres ver.
Lo sentirás todo, te lo aseguro.
Y dolerá, yo me encargaré de eso.
Sufrirás tanto como sufrió Emily. O más, si me es posible…

-Fin-


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